
Pasado amor
Eterno habitante del misterio, publica en 1929, lo que acaso sea su libro más secreto, íntimo y crepuscular: su segunda y última novela. Situada en las cercanías del pueblo ficticio Iviraromí, narra un triángulo amoroso inmerso en una tensión silenciosa que parece confundirse con el abrumador ambiente de Misiones. Esa exuberancia del paisaje donde la pasión, como una fuerza inevitable, está destinada al sacrificio y a la pérdida.
Atravesada por los grandes núcleos narrativos de Quiroga, la fatalidad, la imposibilidad de escapar al propio destino y la fragilidad humana frente a fuerzas extrañas, Pasado amor introduce además un conflicto menos visible y profundamente moderno, el de la disputa entre el impulso vital y las estructuras que intentan contenerlo.
Si Quiroga no fuera más grande por la consumada habilidad con que narra, por el sentido perfecto de escoger lo que en cada caso es esencial dentro de un cúmulo de materiales igualmente presentes en la imaginación, por la dura verdad que pone en lo que dice, por la manera endiablada de hurgar hasta el hueso en las partes que más duelen, y por otros tantos valores meritisimos, lo sería por la inteligencia con que deja de lado lo que el lector está necesitando que se le diga para poder respirar.
Ezequiel Martínez Estrada
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