
Germán de Laferrère
(1901-1952) nació en Morón, provincia de Buenos Aires. Hijo del diplomático Alfonso de Laferrère, primer embajador argentino en Japón, quedó huérfano tempranamente. Su formación escolar terminó en quinto grado y pasó buena parte de su juventud viajando por Europa y América. Fue vendedor ambulante, profesor de castellano, traductor, dibujante y peón rural, entre otros oficios. En la década de 1930 llegó a Misiones, donde emprendió un proyecto de colonización y conoció la vida de los poblados y trabajadores del Alto Paraná. Se dedicó a la caza y la pesca y llegó a habitar una cueva en el Teyú Cuaré, cerca de San Ignacio.
Escritor y periodista, colaboró con distintas publicaciones, entre ellas Atlántida, Mundo Argentino, Leoplán y el diario El Territorio, que dirigió brevemente en 1938. Utilizó varios seudónimos, como Germán Dras, César Lan y Germán Salles. Bajo el primero publicó Alto Paraná (1939), Tras la loca fortuna (1940) y El tesoro de Silca (1940). Con su nombre verdadero aparecieron Aguas turbias (1943), Selva adentro (1945), que obtuvo el primer premio de la Comisión Nacional de Cultura, y Cuentos del Alto Paraná (1950).
Su obra se desarrolló mediante un proceso continuo de escritura y reescritura. Desde 1931 publicó en Atlántida episodios de Tras la loca fortuna, reunidos años después en libro. En 1932 aparecieron en la misma revista versiones tempranas de pasajes que reelaboraría para Selva adentro. También recuperó relatos de sus primeras colecciones para incorporarlos, con modificaciones de distinta magnitud, a Cuentos del Alto Paraná. Esa práctica alcanzó incluso sus textos autobiográficos, en los que volvió a narrar su vida desde perspectivas y formulaciones diferentes.
La relación entre identidad y escritura constituye uno de los rasgos más singulares de su literatura. En Aguas turbias, César Lan, uno de sus heterónimos, se convierte en un escritor asesinado cuyos papeles dan origen a la novela. En Selva adentro, en cambio, Laferrère introduce su propio nombre en una ficción construida como diario de una experiencia colonizadora. Sus novelas combinan aventura, violencia, humor y observación del mundo del Alto Paraná con procedimientos que desdibujan las fronteras entre autobiografía, documento y ficción.
En 1945 regresó a Buenos Aires y posteriormente ingresó al servicio exterior argentino, destinado a Canadá. Murió en Ottawa en 1952. Su obra, durante décadas difícil de encontrar, ocupa un lugar singular en la literatura misionera por la manera en que convirtió el territorio, sus habitantes y las múltiples identidades de quien escribe en materia de experimentación narrativa.
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